07/07/2008



Ella es alta, flaca y descontrolada.
Es lo más frágil que tengo.

No la abrazo, puede que se me quiebre.

Usa ropa holgada, grande a pesar de ser tan delgada.
Usa carteras
negras de cuero y vestidos rojos.
Ella es lo más sensible que tengo.
No le digo "te quiero", temo que cuando no la aprecie más, se suicide.

A
Ella todo le afecta.
Por eso todo tengo que pensarlo dos veces.

Ella
no come mucho, pero sí toma café a montones.
Ella
no duerme por las noches.
Ella sale bajo el cielo negro a caminar y llora.
Ella ama la ropa y saca buenas fotos.
El piso de su habitación está cubierto de hojas escritas con tinta negra.
Hojas que expresan su dolor mental, su tristeza eterna.

Su pelo es marrón chocolate, bien oscuro.

Su piel;
blanca como el papel con el que se corta fácilmente.
Ella tiene quemaduras en su espalda.
Ella
se encierra de día, apaga la luz y cierra la puerta con llave, mira películas mientras come por cada una de ellas, un cuadradito de chocolate que la mantiene viva.
Ella no estudia, considera que tiene demasiado talento para triunfar como escritora o fotógrafa.
En verdad lo tiene.

Es tan bella.
Yo la cuido, lo intento.
Debo decir que es difícil.
Sus padres viajan todo el tiempo, no le prestan mucha atención.
O por lo menos no la que se merece y necesita.
Está bien,
Yo la cuidaré.
Yo la taparé con mi manta por las noches.
Yo le prestaré mi campera cuando tenga frío.
Yo le compraré sus chocolates y le prepararé su café.
Yo la acompañaré a caminar para que no se sienta sola.
Yo me sentaré a su lado a ver películas.
Yo estaré cuando me necesite.
Tengo miedo, porque no la podré acompañar siempre.
Temo que cuando
Yo ya no esté, se suicide.
Ella está en el borde del precipicio.
Aunque levemente a salvo.
Un paso más y su vestido rojo volará por los aires.