Por amor, por dinero, por las dudas, porque quiero. Me preparo y espero que vengan, que vuelvan, que lleguen al encuentro. Así los recibo y así los elevo en un altar delicado a la altura de mis intensiones; los acaricio cantando, le doy lustre al deseo, los abrazo en mis manos, los protejo del tiempo. Para luego dejarlos porque no me pertenecen, porque están de paso, porque tienen dueño. Y cuando se alejan, cuando están ausentes, los imagino desnudos, vacíos, inertes, en algún lugar oscuro con otros sin gente aguardando el momento en que cambie la suerte y los quieran de nuevo como tantas otras veces; a tus pies me descubro y descubro el silencio que provoca la ausencia de esperar...
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